Año de la inversión para el desarrollo rural y la seguridad alimentaria

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64 Años: diario de Bandera de la Colectividad Nikkei

Koki Higa KOKILANDIA
Luego de la cuarentena

“No te preocupes demasiado por la vida, que nadie sale vivo de ella”.

(Emilio Duró)

En estos días de encierro obligatorio, les pregunto a mis hijas qué es lo que quisieran hacer el primer día que levanten esta medida (y, obviamente, que sea seguro salir a la calle).  Yo mismo me hago también esa pregunta y comparto con ustedes mi desordenada lista.

Desde ya voy a agradecer a mis amigos que trabajan en el sector salud, y a través de ellos a todos el personal médico del país, por estar cuidando de  nosotros estos días.

Ir a la iglesia a cantar, agradecer y orar por las almas de todos los que seguimos aquí y los que ya no están con nosotros.

Ir a comprar todo el papel higiénico disponible, para que cuando se les acabe a los que compraron egoístamente durante la crisis, no tengan con que limpiarse.

Correr en el parque sin temor al virus ni a la policía.  Estar en el grass mirando el cielo y decirle que aún no es mi momento.

Comer sushi y sashimi, si es que aún queda algún restaurante en pie.

Ir a la oficina y desempolvar los escritorios.  Más de una vez nos hemos levantado de anteriores crisis y esta no será la excepción.

Tomar un café en el Starbucks y leer allí sentado un buen libro por horas.

Tomar un café en el Starbucks y conversar con los amigos por horas.

Nadar en la piscina temperada de la Aop hasta quedar como una pasa.

Hacer un manual sobre cómo sobrevivir a la convivencia durante una cuarentena.

Jugar una pichanga, gritar cada gol como una final del mundial y celebrar como si el mundo se fuera a acabar (nuevamente).

Entrenar aikido como si fuera un chibolo de 20 años, hasta moler los huesos.

Agradecer a mi esposa e hijas por aguantarme todos estos días.  No debe de haber sido nada fácil.

Hacer música con mis patas y cantar a todo volumen.

Pasear con mis hijas y sobrinos a cualquier lado, solo por el gusto de estar juntos.

Ir al cine y comer canchita como un náufrago.

Ir a la peluquería.

Bailar en un concierto.

Gritar y saltar en la tribuna en un partido de fútbol.

Viajar al Cusco para visitar la laguna de Humantay.

Darle al presente su espacio y dejar que el pasado pierda su rol protagónico. En pocas palabras dejar atrás los rencores y malos recuerdos que de poco o nada me sirven.

Ir a la orilla del mar, ver el horizonte y recordarme lo insignificante que soy frente a la inmensidad del mundo (a pesar de que a veces me crea ilusamente importante).

Comer sushi nuevamente.

Saludar a mi familia y, si podemos, darnos un fuerte abrazo.  Retrasar un poco más la última soledad, esa del amante sin el amante, de los padres sin el hijo, del hijo sin los padres.

Volver a preguntarme, ¿qué aprendí de esta experiencia?.  Eso es algo muy importante, caso contrario, todo esto habrá sucedido por las puras.

Y por supuesto, lavarme las manos con jabón y luego, de yapa, echarme alcohol en gel.

Y me doy cuenta que más allá de lugares por visitar o cosas por comprar/comer, lo que quiero es tener nuevamente las emociones, esas que nos hacen sentir la locura, la tontería, la valentía y la ternura de estar vivo.

Pero eso será cuando podamos salir.  Por ahora seguiremos en casa…

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